miércoles, 9 de julio de 2014

EL GAUCHO EN LA CONSTRUCCIÓN DE LA PATRIA.

     Para que un pueblo llegue a conformarse como una Nación, que luego puede devenir en Estado, se necesitan varios elementos. Y como horcón fundamental el caudillo o jefe, más un pueblo con determinados caracteres; a éste corresponderá la conducción política y militar de una multitud de pequeños héroes innominados: soldados desconocidos, poetas, pensadores y la presencia augusta de la mujer, como madre y como esposa, y a veces, soldado. La presencia del caudillo como genio orientador y estimulante de las multitudes populares, que fue esencial en la Historia universal.
     Al decir lúcido de Pivel Devoto: "Muchas de las manifestaciones más típicas y representativas de la vida de los pueblos de América tienen definida y clara raíz hispánica. El tipo de caudillo de la revolución americana, el de las guerras civiles que fueron su secuela, el que precipitó la formación del espíritu nacional, reconoce su antecesor en el caudillo español de la conquista. Por al acción de intrépidos caudillos, América fue incorporada a la Corona de Castilla. Tres siglos después, por la militancia de personajes de rasgos muy semejantes, por la influencia de los caudillos criollos, los reinos de Indias fueron segregados del dominio español y convertidos en repúblicas independientes. La figura del caudillo emerge en la escena de la más remota tradición hispánica. Sus deberes y cometidos fueron las circunstancias particulares; como debían llenarlos fueron determinados por Alfonso el Sabio. En distintos pasajes, que trasladamos al castellano de nuestros días, las Partidas tratan del caudillo y de su misión tuteladora "Esfuerzo, maestría y seso, son tres cosas que conviene de todas maneras, que tengan lo que quieren guerrear", expresa en la Partida Segunda, título XXXIII, ley V. Porque - agrega - por el esfuerzo serán prometedores. Y por la maestría, maestros en hacer la guerra, guardándose a sí y haciendo daño a sus enemigos. El seso les hará que obren en cada una de estas, en el tiempo y en el lugar que conviniere. Éstos deben ser esforzados para acometer las cosas peligrosas, y acostumbrados en hechos de armas en saberlas traer y obrar bien con ellas. Y sabedores y maestros en hechos de guerra es menester que sean;..." Más adelante Pivel cita a Bernardo de Vargas Machuca, quien destaca: "... a todo lo importante debe el caudillo acudir en persona, sin fiarlo a nadie, si quiere que le sucedan las cosas prósperamente..." "... evitar chismes, no admitiéndoles que descomponen mucho a los que mandan y crían grandes males; y siempre compongan amistades, porque no hay bandos, siendo padre de todos, sin mostrarse parcial." (Archivo Artigas, tomo vigésimo octavo, Advertencia de Pivel Devoto).
   Para Pivel Devoto, el más representativo de tales figuras es el Cid Campeador.
   En nuestra tierra, apenas comienza el proceso insurreccional, aparece Artigas como el individuo propio para ejercer tales cometidos.
    Al respecto, podemos preguntarnos, y ello es válido, ¿ dónde y como se forjan nuestros Jefes patriotas y sus soldados?
    Todo está en función de un conjunto de circunstancias muy especiales, que hacen al espacio y al tiempo. A la geografía y a las necesidades vitales, políticas, sociales de la comunidad de que se trate. La Banda Oriental de aquel entonces, como toda la región platense, tenía sus caracteres que la individualizan y donde el ámbito rural, era fundamental, por su economía y por el tipo humano que la habitaba. "El caballo es otro instrumento y símbolo natural de la civilización argentina al mismo título que lo es el río, el canal, el ferrocarril. El caballo es más que un camino que anda; es una locomotora de sangre, que no necesita de rieles para cruzar el espacio, ni de maquinistas.
     Nuestras campañas producen naturalmente esa máquina de civilización, como producen el pasto que las alimenta. En este sentido, el caballo representa la civilización del Plata".
    El ganado y el caballo cambiaron el paisaje de la fauna nativa, alteraron la vida botánica prehispánica y generaron un ámbito para una nueva raza.Apareció un individuo, cruce de aborígenes con españoles y portugueses, y más tarde con sangre africana. Arisco, libre y dominador del caballo y las distancias. Será el trabajador rural, peón, tropero, domador y baqueano; también será el soldado que acompañará a los caudillos. El sentido de libertad alimenta un instinto inquieto y rebelde, que sin dejar de ser respetuoso y atento, es una aleación de orgullo y humildad. No son estas dos virtudes opuestas, más bien son dos caras de una misma moneda, al menos en nuestro concepto. ¡ Ese es el GAUCHO!

 

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